viernes, 13 de abril de 2012

BIOGRAFÍA

 
Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo; Quito, 1747 - 1795) Patriota y escritor ecuatoriano. Considerado uno de los exponentes máximos de la ilustración americana, la vida de Eugenio Espejo estuvo signada por el mestizaje. Nació en Quito en 1747, hijo de Luis Chuzig, un indígena oriundo de Cajamarca, y de María Catalina Aldás, mujer mulata nacida de una esclava liberta que contaba con ascendientes vasconavarros. Su mismo nombre parece delatar el tránsito de su identidad mestiza: el apellido Espejo fue adoptado tardíamente por su padre, y el de Santa Cruz proviene de la devoción cristiana. Hay quien afirma, como Leopoldo Benites Vinueza, que su verdadero apellido es un misterio


De extracción humilde, el Espejo infante y adolescente se crió en el ambiente del Hospital de la Misericordia de Quito. Imperaba entonces una medicina mezcla de empirismo y escolasticismo, y eran muchos los médicos improvisados e incompetentes. Para 1762 el mestizo quiteño se graduó de bachiller y maestro de filosofía en el colegio jesuita de San Gregorio. Su autobiografía recoge una confesión de esa época que marca el sino de su vida futura: "deseo ardientemente ser conocido por bello espíritu". En 1767 se recibió como doctor en medicina en la Universidad de Santo Tomás, y en 1770 obtuvo un título en derecho civil y canónico.

OBRAS

 
La variada y extensa obra de Espejo cubre escritos de tipo científico, literario y político. En 1779, con la intención de fomentar la lectura entre sus contemporáneos, escribió con el seudónimo de don Javier de Cía, Apéstigui y Perochena la obra El nuevo Luciano de Quito o despertador de los ingenios quiteños. El libro consta de nueve diálogos, a través de los cuales se hace un mordaz enjuiciamiento del estado cultural de Quito, examinando los métodos de enseñanza y censurando la limitación del pensamiento; según Menéndez y Pelayo, es la obra crítica más antigua de América del Sur. Su difusión produjo gran revuelo y una andanada de ataques fue contra su autor, pero no faltaron los aplausos aun de elementos eclesiásticos.
Ese mismo año redactó el escrito denominado El retrato de la Golilla, auténtica sátira en contra del rey Carlos III y de su ministro colonial de las Indias, José Gálvez. Ante la insistencia del marqués de Selva Alegre, coterráneo suyo que se interesó en sus proyectos, redactó y publicó en Bogotá su famoso Discurso sobre el establecimiento en Quito de una sociedad patriótica (1789). En 1785, el Cabildo de Quito, conocedor de la excelencia profesional de Espejo, le encargó la redacción de un método preventivo de la viruela. El resultado de este pedido lo demuestra su obra Reflexiones acerca de un método para preservar a los pueblos de las viruelas, considerada como un aporte valioso a la literatura científica sobre las condiciones higiénicas y sanitarias de la América colonial.
Otra obra importante constituyó Marco Porcio Cantón o Memorias para la impugnación del nuevo Luciano de Quito (1780). Para 1792 escribió dos obras de carácter técnico. Memorias sobre el corte de quinas aludía a la necesidad de la conservación y buen uso del árbol de chinchona. La obra titulada Voto de un ministro togado de la Audiencia de Quito, en cambio, se dedica al análisis económico del país a finales del siglo XVIII.

A Espejo también se le atribuyen las Cartas Teológicas. La primera carta, escrita en 1780 en nombre del padre La Graña, trata sobre la historia de las indulgencias dentro de la Iglesia católica, y la segunda, de 1792, sobre la inmaculada concepción de María; en ellas el autor pone de manifiesto el dominio de temas referentes a la religión católica. Tras la fundación de la Sociedad Patriótica en Quito, en 1792, surgió la publicación del periódico quiteño "Primicias de la Cultura de Quito", dirigido por Espejo, medio por el cual se difundieron en la ciudad las ideas de libertad, el incentivo a la educación, la igualdad de derechos y los principios característicos de los pensadores del siglo XVIII.

Se ha sugerido que una obra de Espejo, Cartas riobambenses (1787), puede ser un antecedente de la novela en el Ecuador. El texto, construido a base de cartas que Manuela Monteverde envía a sus protectores y defensores, retrata a una mujer que se rebela ante las formas de la existencia provinciana; para llevar adelante su cometido de "liberación" debe pensar en el matrimonio y buscar un hombre al que pueda manejar a su antojo, a fin de que la saque del hastío y la lleve a la capital. Cuando cree haber hallado al candidato ideal, Manuela (conocida como "la Madamita" por su afición a lo francés y a lo europeo) traba relación con un hombre llamado Vargas, lleno de buenos modales y vestido a la última moda francesa.

Junto a Vargas, y según el canon cultural de provincia, Manuela pierde la compostura y muestra una conducta escandalosa: ambos se exhiben con absoluta liberalidad en los galopes por el altiplano, en las excursiones a las haciendas o en los bailes de las posadas, y Manuela llega a beber licor en público. Las cartas muestran la amarga queja de la protagonista frente a las murmuraciones de la gente y la soledad a la que se ve condenada por la actitud de las autoridades y los habitantes del pueblo. El relato es también una defensa de los valores femeninos en una sociedad que hostiga y desconoce los derechos y las libertades de la mujer.

PENSAMIENTO

Su pensamiento es una adaptación de ideas ilustradas en el entorno colonial de la Audiencia. Sus ideas promovían la igualdad de todos los ciudadanos y nacionalización de las propiedades eclesiásticas. En su ideario aparecía por primera vez la igualdad de los indígenas con los criollos (ideal que quedó eliminado en los procesos de independencia) y también por primera vez planteaba los derechos de la mujer.


En Ecuador se considera que fue el primero en afirmar la necesidad de una emancipación de España y en proclamar la individualidad del país y, en general, de toda América; y que sus ideas, si bien modificadas en algunos aspectos importantes, inspiraron a los revolucionarios del 10 de agosto de 1809.


En cambio, autores como Efren Aviles Pino indican que Siempre se ha dicho que Espejo es el precursor de la independencia, pero no es así. Espejo sí fue un revolucionario ya que a través de sus escritos y publicaciones procuró reformar las estructuras sociales y políticas de esa época.[1]


Eugenio Espejo es considerado como uno de los mayores agitadores de los planteamientos de la independencia y crítico de la Colonia. A los 20 años se graduó de médico y ejerció múltiples trabajos como periodista, bibliotecario y escritor de innumerables obras tales como: Nuevo Luciano de Quito (1779), Reflexiones acerca de un método para preservar a los pueblos de la viruela (1785), Cartas Riobambenses (1787), Discurso sobre la necesidad de establecer una sociedad patriótica con el nombre de "Escuela de la Concordia" (1789), etc.


Los aportes dados por Espejo, en los distintos ámbitos contribuyeron al pensamiento social ecuatoriano; en el escenario de la medicina expuso sus conocimientos para prevenir la viruela y elaboró una reflexión histórica de las enfermedades contagiosas, realizó un cuadro exacto de las costumbres y condiciones sanitarias de Quito, dando una respuesta objetiva y científica a la causa de la enfermedad. Sin conocer los experimentos de Pasteur, halló la noción de la fermentación de las sustancias y las causas de los contagios. Llegó a las conclusiones que las condiciones sociales de explotación y de la mala distribución de la riqueza son propicios para el cultivo de enfermedades.El pensamiento de Espejo promovío la igualdad de todos los ciudadanos y la nacionalización de las propiedades eclesiásticas.


En noviembre de 1791 forma “la Sociedad Patriótica de Amigos del País de Quito”, compuesta por 25 miembros que se reunían semanalmente para discutir los problemas agrícola, educativo, político, social y analizar el desarrollo de las ciencias físicas y naturales. Sintiendo la necesidad de difundir los planteamientos independentistas, editó en 1792 el primer periódico publicado en la ciudad denominado "Primicias de la Cultura de Quito", órgano de esa sociedad y del que salieron siete números hasta el 29 de marzo de ese año.


Es considerado como uno de los primeros en afirmar la necesidad de una emancipación de España y en proclamar la individualidad del país y, en general, de toda América. Sus ideas inspiraron a los revolucionarios del 10 de agosto de 1809.


Eugenio Espejo, murió después de estar en la cárcel el 27 de diciembre de 1795 a los 48 años de edad y acusado de conspiración, se le inculpó que en las cruces de Quito amanecieron banderolas escarlatas con el lema que decía "Al amparo de la cruz, sed libres, conseguid la gloria y la felicidad".