La variada y
extensa obra de Espejo cubre escritos de tipo científico, literario y político.
En 1779, con la intención de fomentar la lectura entre sus contemporáneos,
escribió con el seudónimo de don Javier de Cía, Apéstigui y Perochena la obra
El nuevo Luciano de Quito o despertador de los ingenios quiteños. El
libro consta de nueve diálogos, a través de los cuales se hace un mordaz
enjuiciamiento del estado cultural de Quito, examinando los métodos de enseñanza
y censurando la limitación del pensamiento; según Menéndez y Pelayo, es la obra
crítica más antigua de América del Sur. Su difusión produjo gran revuelo y una
andanada de ataques fue contra su autor, pero no faltaron los aplausos aun de
elementos eclesiásticos.
Ese mismo año
redactó el escrito denominado El retrato de la Golilla, auténtica sátira
en contra del rey Carlos III y de su ministro colonial de las Indias, José
Gálvez. Ante la insistencia del marqués de Selva Alegre, coterráneo suyo que se
interesó en sus proyectos, redactó y publicó en Bogotá su famoso Discurso
sobre el establecimiento en Quito de una sociedad patriótica (1789). En 1785, el
Cabildo de Quito, conocedor de la excelencia profesional de Espejo, le encargó
la redacción de un método preventivo de la viruela. El resultado de este pedido
lo demuestra su obra Reflexiones acerca de un método para preservar a los
pueblos de las viruelas, considerada como un aporte valioso a la literatura
científica sobre las condiciones higiénicas y sanitarias de la América colonial.
Otra obra importante constituyó Marco Porcio
Cantón o Memorias para la impugnación del nuevo Luciano de Quito (1780).
Para 1792 escribió dos obras de carácter técnico. Memorias sobre el corte de
quinas aludía a la necesidad de la conservación y buen uso del árbol de
chinchona. La obra titulada Voto de un ministro togado de la Audiencia de
Quito, en cambio, se dedica al análisis económico del país a finales del
siglo XVIII.
A Espejo también se le atribuyen las Cartas
Teológicas. La primera carta, escrita en 1780 en nombre del padre La Graña,
trata sobre la historia de las indulgencias dentro de la Iglesia católica, y la
segunda, de 1792, sobre la inmaculada concepción de María; en ellas el autor
pone de manifiesto el dominio de temas referentes a la religión católica. Tras
la fundación de la Sociedad Patriótica en Quito, en 1792, surgió la publicación
del periódico quiteño "Primicias de la Cultura de Quito", dirigido por Espejo,
medio por el cual se difundieron en la ciudad las ideas de libertad, el
incentivo a la educación, la igualdad de derechos y los principios
característicos de los pensadores del siglo XVIII.
Se ha sugerido que una obra de Espejo, Cartas
riobambenses (1787), puede ser un antecedente de la novela en el Ecuador. El
texto, construido a base de cartas que Manuela Monteverde envía a sus
protectores y defensores, retrata a una mujer que se rebela ante las formas de
la existencia provinciana; para llevar adelante su cometido de "liberación" debe
pensar en el matrimonio y buscar un hombre al que pueda manejar a su antojo, a
fin de que la saque del hastío y la lleve a la capital. Cuando cree haber
hallado al candidato ideal, Manuela (conocida como "la Madamita" por su afición
a lo francés y a lo europeo) traba relación con un hombre llamado Vargas, lleno
de buenos modales y vestido a la última moda francesa.
Junto a Vargas, y según el canon cultural de
provincia, Manuela pierde la compostura y muestra una conducta escandalosa:
ambos se exhiben con absoluta liberalidad en los galopes por el altiplano, en
las excursiones a las haciendas o en los bailes de las posadas, y Manuela llega
a beber licor en público. Las cartas muestran la amarga queja de la protagonista
frente a las murmuraciones de la gente y la soledad a la que se ve condenada por
la actitud de las autoridades y los habitantes del pueblo. El relato es también
una defensa de los valores femeninos en una sociedad que hostiga y desconoce los
derechos y las libertades de la mujer.

No hay comentarios:
Publicar un comentario